Hidrógeno verde y agricultura: cómo los fertilizantes verdes pueden descarbonizar lo que comemos
Hidrógeno verde y agricultura: cómo los fertilizantes verdes pueden descarbonizar lo que comemos
El 50% del nitrógeno que alimenta los cultivos del mundo viene de fertilizantes producidos con gas natural. Cambiar ese gas por hidrógeno verde es la palanca más directa para descarbonizar la cadena alimentaria. España ya lo está haciendo — desde Puertollano hasta Aragón.
Hay una conexión que casi nadie establece entre el hidrógeno verde y el pan de cada día: el 50% del nitrógeno que alimenta los cultivos agrícolas del mundo proviene de fertilizantes minerales nitrogenados — y esos fertilizantes se fabrican a partir de amoníaco, que a su vez se produce con hidrógeno. Hoy ese hidrógeno es gris — obtenido del gas natural con enormes emisiones de CO₂. Cuando sea verde — obtenido por electrólisis con energía renovable — los fertilizantes serán renovables y la cadena alimentaria dará un paso decisivo hacia la descarbonización. No es una promesa lejana: Fertiberia ya produce en Puertollano el primer fertilizante verde del mundo desde 2022, y el proyecto Catalina en Aragón planea producir 1,2 millones de toneladas anuales de amoníaco verde para el mismo propósito.
Por qué los fertilizantes dependen del hidrógeno
La cadena que conecta el hidrógeno con los alimentos tiene tres eslabones que se producen en secuencia:
Eslabón 1 — Hidrógeno. Se produce por electrólisis del agua (verde) o por reformado del gas natural (gris). Es la materia prima de todo lo que viene después.
Eslabón 2 — Amoníaco (NH₃). El hidrógeno se combina con nitrógeno del aire mediante el proceso Haber-Bosch — la síntesis química más importante de la historia industrial, desarrollada en 1909 y sin cambios fundamentales desde entonces. El resultado es amoníaco — un gas licuable que es la base de todos los fertilizantes nitrogenados. Sin el proceso Haber-Bosch, la Tierra no podría alimentar a más de la mitad de su población actual.
Eslabón 3 — Fertilizantes nitrogenados. El amoníaco se transforma en urea, nitrato amónico, nitrato cálcico amónico (NAC) y otros compuestos que se aplican en los campos para proporcionar el nitrógeno que las plantas necesitan para crecer. Sin esos fertilizantes, la productividad agrícola caería entre un 40% y un 50% — lo que significaría hambre para una parte significativa de la humanidad.
El problema de esa cadena es su dependencia del gas natural en el primer eslabón: el proceso Haber-Bosch convencional usa gas natural como fuente de hidrógeno y como combustible para las altas temperaturas que requiere (400-500°C). Eso hace que la producción de amoníaco sea responsable de aproximadamente el 1,8% de las emisiones globales de CO₂ — más que toda la aviación mundial. Sustituir el gas natural por hidrógeno verde en el primer eslabón rompe esa dependencia sin cambiar nada más en la cadena — el proceso Haber-Bosch sigue siendo el mismo, los fertilizantes son físicamente idénticos, los agricultores no notan ninguna diferencia.
Fertiberia Impact Zero: el primer fertilizante verde del mundo, fabricado en España
Fertiberia — el mayor productor de fertilizantes de España y uno de los diez mayores de Europa — dio el paso más importante de su historia en mayo de 2022: comenzó la producción de amoníaco verde en su planta de Puertollano (Ciudad Real), usando el hidrógeno renovable producido por el electrolizador de 20 MW de Iberdrola. Fue la primera vez en la historia que una planta industrial de escala producía amoníaco a partir de hidrógeno verde — no en un laboratorio, no en un piloto, sino en producción comercial real.
El resultado de ese proceso es Impact Zero — la primera línea de fertilizantes del mundo con certificación de bajas emisiones producida con hidrógeno renovable en lugar de gas natural. Los fertilizantes Impact Zero tienen exactamente la misma composición química y física que los convencionales — misma eficacia agronómica, mismo rendimiento en los cultivos — pero con una huella de carbono hasta un 90% menor. Ya se han utilizado en cultivos piloto de cebada, patata y otros cereales en España con resultados agronómicos idénticos a los fertilizantes convencionales.
Fertiberia tiene una hoja de ruta ambiciosa para expandir la producción de fertilizantes verdes más allá de Puertollano: la transformación de su planta de ácido nítrico en Avilés — evitando más de 26.000 toneladas de CO₂ anuales — y la incorporación de sus plantas de Palos de la Frontera (Huelva) y Sagunto (Valencia) a la cadena de producción verde. El objetivo de la compañía es reducir a cero las emisiones de toda su actividad industrial antes de 2035.
Catalina en Aragón: 1,2 millones de toneladas de amoníaco verde al año
El salto de escala que Puertollano no puede dar solo lo dará el Proyecto Catalina en Aragón. Con 500 MW de electrólisis en Andorra (Teruel) — once veces más que Puertollano actualmente — y una inversión de más de 2.000 millones de euros, Catalina es un proyecto pionero a nivel global que tiene como objetivo principal la producción de hidrógeno y amoníaco verde. Cuando esté operativo, producirá 1,2 millones de toneladas anuales de amoníaco a partir de hidrógeno renovable — suficiente para abastecer una parte muy significativa de la demanda española de fertilizantes nitrogenados.
El consorcio detrás de Catalina — Copenhagen Infrastructure Partners, Enagás, Naturgy, Fertiberia y Vestas — es representativo de la cadena de valor completa: un fondo de infraestructuras que aporta capital, el operador de red que aporta infraestructura de transporte, una gasista que aporta distribución, la fabricante de fertilizantes que aporta demanda garantizada y un fabricante de turbinas que aporta la energía renovable. Es el modelo de integración vertical que hace bancables los proyectos de amoníaco verde — el mismo que ha funcionado en Puertollano con Iberdrola y Fertiberia.
Yara: el gigante noruego que quiere fertilizantes verdes desde España
Yara — la mayor empresa de fertilizantes del mundo, con sede en Oslo — es otro actor clave en la conexión entre hidrógeno verde español y agricultura europea. Yara tiene una definición muy clara de sus fertilizantes verdes: son fertilizantes minerales a base de nitratos con exactamente la misma composición química y física que los convencionales, pero producidos con electricidad renovable en lugar de combustibles fósiles. La reducción de huella de carbono respecto a los fertilizantes producidos fuera de la UE es del 80-90%.
Yara tiene ya acuerdos con Moeve para comprar amoníaco verde producido en Huelva — como analizamos en nuestra entrada sobre Países Bajos y Róterdam. Ese amoníaco verde español llegará a las plantas de fertilizantes de Yara en los Países Bajos, Bélgica y Noruega para producir abonos renovables que los agricultores europeos podrán usar sin cambiar nada en sus prácticas agrícolas. Es la descarbonización invisible de la cadena alimentaria — sin que el agricultor ni el consumidor noten diferencia.
La guerra de Ucrania y el precio del pan: por qué la soberanía en fertilizantes importa
La invasión rusa de Ucrania en 2022 demostró de forma brutal la vulnerabilidad de la cadena alimentaria global a los precios del gas natural. Rusia es el mayor exportador mundial de gas natural y también el mayor exportador de fertilizantes nitrogenados — ambas industrias están íntimamente ligadas. Cuando el gas ruso dejó de fluir a Europa en 2022, el precio del gas se multiplicó por diez en algunos mercados europeos. Y como los fertilizantes se producen con gas natural, su precio se disparó en la misma proporción. Los agricultores europeos se encontraron de la noche a la mañana con que sus costes de producción se multiplicaban — y eso se tradujo en inflación alimentaria que golpeó a toda la población.
El hidrógeno verde rompe esa cadena de dependencia. Un fertilizante producido con hidrógeno renovable español — generado con sol y viento autóctonos — no depende del precio del gas ruso, ni del gas noruego, ni del gas argelino. Su coste es predecible a largo plazo porque el sol y el viento no tienen precio de mercado que suba o baje según la geopolítica. Es la misma lógica de soberanía energética que analizamos en nuestra entrada sobre hidrógeno verde y geopolítica — pero aplicada directamente a la seguridad alimentaria.
El reto del precio: fertilizante verde vs convencional
El principal obstáculo para la adopción masiva de fertilizantes verdes es el mismo que para el hidrógeno verde en general: el precio. Un fertilizante producido con amoníaco verde — a 6,12 €/kg de hidrógeno — cuesta aproximadamente un 30-50% más que uno producido con gas natural convencional. Ese sobreprecio se puede absorber en parte gracias a:
La demanda de agricultores con compradores premium. Las cadenas de supermercados europeas — Lidl, Aldi, Mercadona, Carrefour — están recibiendo presión creciente de sus consumidores para reducir la huella de carbono de los alimentos que venden. Un agricultor que puede certificar que sus cultivos usan fertilizantes verdes puede acceder a mercados premium que pagan un sobreprecio por esa trazabilidad de sostenibilidad.
El CBAM y el precio del CO₂. Con el CBAM en vigor desde 2026 para los fertilizantes importados, el amoníaco y los fertilizantes procedentes de países sin precio de carbono equivalente al ETS europeo pagarán un arancel adicional. Eso encarece la competencia importada y estrecha la brecha de precio con los fertilizantes verdes europeos.
La bajada del precio del hidrógeno verde. Cuando los grandes valles como Catalina estén operativos y el precio del hidrógeno baje a 3-4 €/kg, el sobreprecio del fertilizante verde respecto al convencional se reducirá a menos del 15% — un margen que el mercado premium puede absorber sin dificultad.
📘 Fuentes consultadas: Fertiberia (web corporativa hidrógeno verde, febrero 2026; entrevista Alfredo Segura, Corresponsables, enero 2025), Yara España (fertilizantes verdes), Good New Energy/Enagás (agricultura e hidrógeno verde, octubre 2025), Mundocompresor (Catalina Enagás-Naturgy-Fertiberia-Vestas), Industria Química (Impact Zero, mayo 2022), informe sectorial mayo 2026.
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